Cuando necesitamos ser escuchados a veces lo mejor es decirnos las cosas a nosotros mismos, sin juzgarnos y reflexionando. Las palabras si se usan correctamente pueden darnos una visión más clara de lo que sucede, solo es cuestión de escuchar todas esas voces interiores que tenemos. Algunas nos pueden estar tratando de destruir y otras todo lo contrario, acá se dará el debate entre todas para ver cual es la mejor manera de subsistir entre ellas sin lograr una guerra interna.
jueves, 27 de febrero de 2014
Ya nos conocíamos
Hace mucho nos conocemos, hace mucho nos mirábamos, manteníamos la distancia y permanecíamos separados. Un día nuestra curiosidad por conocer a la otra persona se desató y desde entonces las cosas cambiaron por completo. Poco a poco, o quizás un poco deprisa, hubo una conexión y ambos lo notamos. Fueron amigos por un largo tiempo, pero a medida que este pasaba los sentimientos se empezaron a mezclar. De pronto esa confusión fue un arma letal y desde entonces se tuvieron que separar. El tiempo pasa y parece que las cosas continúan su ritmo habitual, ambos intentan olvidar lo sucedido y continuar. Parece que el plan marcha a la perfección, hasta que recuerdan esos sentimientos tan confusos y los empiezan a ver con claridad. Los sentimientos eran verdaderos. Ocultarlos o simplemente el hecho de no poder aceptarlos había nublado su visión, pero ya no era igual. Pudieron liberarse y se dieron cuenta de algo primordial, se extrañaban. Extrañaban ver sonreír al otro, acariciarlo, abrazarlo, tenerlo cerca, sentir su aroma, escuchar su voz. Y eso fue más que suficiente para volver a encararlos. Frente a frente se volvieron a ver y en aquel momento todo lo malo hasta entonces desapareció, solo quedaron los recuerdos bonitos. Y desde entonces decidieron aceptarse y a sus sentimientos.
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