sábado, 5 de marzo de 2016

Día 54

Mi ciudad lleva tu nombre.
No hay ni un solo rincón de esta ciudad en el que no estés tú. Tus ojos, tus manos, tu risa y hasta tus camisas de rayas andan a sus anchas por las avenidas que rodean mi hogar. Me encuentro perdida en un sitio que conozco a la perfección, buscando tu mano para que me ayude a caminar en las madrugadas de escarcha y lluvia. Y no estás. O lo que es peor, estás pero no para mí. Porque me sigo cruzando de vez en cuando con tu mirada furtiva sin saber adónde vas, y sin querer saberlo tampoco. Hace meses que no quiero saber nada de ti, porque me conformo con que todas las respuestas de tu vida coticen en valores positivos. Que seas muy feliz y que vivas en paz, sin rencores ni recuerdos. O que me recuerdes, sí, como la mujer de la pólvora y los efectos especiales. Como la mujer que llenó de chispas y fuegos artificiales tu barrio, tu bar y tu vida. La de los ojos grandes y llenos del deseo de saber más de ti. La que guió tus pestañas por el paseo del triunfo más certero, el del amor sin exigencias.

Ya ves que ahora me ahoga esta ciudad que lleva tu nombre y que me recuerda en cada esquina que el adiós fue solo un hasta pronto. Hay noches que te pido que te vayas, que no vuelvas, que nos dividan los espacios, los mercados y los parques, para que jamás tengamos que volver a encontrarnos. Porque me duelen los abrazos vacíos que me debes, y me quema la sonrisa canalla que tienes y que tantas veces he besado en silencio. Que nos dividan los recuerdos para que nos volvamos locos a partes iguales. Que dejes de buscarme, que me faltan las fuerzas para impedir que me encuentres.
Pero que si por un casual, con el paso del tiempo, descubres que finalmente quieres fundar un hogar en mis brazos porque esta ciudad también lleva para ti mi nombre, me busques en los lugares que nos hicieron eternos, en aquellos rincones que convirtieron en inmortal nuestra historia. Búscame, que yo prometo saltarme los semáforos, correr hasta asfixiarme, subir de dos en dos las escaleras de tu casa, y darte todos los besos que te debo, y que por idiotas le hemos ido regalando a otras bocas que nunca nos hicieron sobrevolar felices el cielo de esta ciudad.

Día 53

Podría tirarme toda la vida abrazada a ti, viéndola pasar.
Y hacer de tus brazos un hogar.
El atardecer era infinitamente mas bonito reflejado en tus ojos.
Ardientes y hambrientos.
Me pasaría la vida sobre tu pecho.
Escuchando tus latidos.
Y sintiéndote respirar.
Surcando con las yemas de los dedos
El relieve de tu cuerpo.
Explorándote, trazando un mapa hacia tus puntos débiles.
Para hacerte arder.
Y aliviarte en el oasis de mis besos.
Juro ser testigo de la mas radiante de tus sonrisas.
Esa que nada tenía que envidiar
al brillo la luna cuando se reflejaba sobre el mar.
Un constante "tic tac" que seguía el compás de las olas.
Sobre la arena de un reloj que poco a poco se iba quedando vacío.
Cuyos cristales empañamos casi sin darnos cuenta entre besos y roces,
con la pasión del instante.
Un mundo donde solo existíamos tu y yo.
Y vendería hasta mi alma por hacer de ello una eternidad.
Pero el tiempo transcurría sin piedad.
Sin detenerse y acercándose al final.
Hasta que nos alcanzó
Despacio
Sin darnos cuenta
Y de golpe
Separándonos con sus agujas
Esas que se volvieron espadas
Y nosotros, desnudos, sin armas ni armaduras
Dos amantes kamikazes
Nos partimos por la mitad.
Y no nos volvimos a encontrar.

¿Quién soy?

12 de Enero, 2019 veintiún horas. Escribo mientras escucho "Beautiful Thing de Grace VanderWaal". Canciones de ese estilo me m...