lunes, 13 de enero de 2014

Día 22

12:39 a.m.
viernes 10 de enero, 2014.

Pensando desde ya hace varios días me he dado cuenta de algo fundamental en mí. Estuve pensando en los errores que cometí durante estos años, y la mayoría de ellos tenían algo en común: una persona que decía necesitarme. Antes, pensaba que me gustaban las personas que se sentían atraídas por mi porque sería una manera segura de relacionarme con alguien, de esta forma no obtendría rechazo, pero no solo me equivocaba si no que en realidad no era ese el motivo por el cual yo también sentía algo por ellos. Divagando en mis pensamientos me di cuenta de que no era ese el motivo por el cual a mi me gustaban, si no que lo que realmente me atrae es que una persona me necesite. Es tan linda la sensación que se obtiene de eso. Tengo un “instinto” que me hace querer protegerlos y ayudarlos. Que estén bien a toda costa, sin importar que. Los pongo antes que a mis necesidades, porque el simple hecho de que se sientan bien me reconforta. Puede soñar extraño pero realmente es así. Una vez que la persona ya no me necesita lo puedo notar, porque yo también empiezo a perder el interés. Al  principio me cuesta y bastante, parezco una madre que no puede aceptar que sus hijos están grandes y quieran independizarse. Pero  después lo voy entendiendo y dejo las cosas como están, aunque sé muy bien que si algún día me necesitaran de nuevo yo estaría con mis brazos abiertos y sin problema. Hasta entonces, si es que hay un entonces, sigo con lo mío. Mi vida cotidiana… aunque como el ochenta por ciento de mi vida cotidiana consiste en hacer todo para que el otro esté bien, empiezo a rondar en círculos, sin saber exactamente qué hacer. Pero al poco tiempo vuelvo a reacomodarme, alguien me necesita otra vez y eso me pone muy contenta. Las personas dicen que suelo juntarme con personas muy raras y en su mayoría con el mismo perfil. Siempre pensé que sólo era esa gente la que se acercaba  por algún motivo o que todos en realidad éramos así pero lo ocultábamos. Pero en realidad, creo que yo soy la que los busca. Me llaman la atención y a medida que las voy conociendo me brota algo de golpe, esa sensación rara de que si me necesitan voy a ir corriendo a ayudar.
Me  dijeron siempre que no puedo “salvar” a todo el mundo y que hay cosas en las que yo no puedo hacer nada al respecto. Tal vez tengan razón, hay cosas que quizás no estén a mi alcance, pero lo que creo que sí ¿porqué no intentar hacer algo? No puedo simplemente dar vuelta mi cara y hacer como si nada ocurriera. Por eso me es tan magnífico que la persona me necesite, porque me está pidiendo que haga algo, lo que pueda para ayudar. 
Me di cuenta que eso es lo que me mueve. Con eso me siento viva. De vez en cuando pienso que necesito un novio para sentir  calor y sentirme querida, pero pensándolo bien no es solo un novio lo que quiero y necesito, lo que necesito es que la persona con la que esté me necesite y quiera hasta la más pequeña ayuda que yo pueda otorgar.
¿Egoísta? Y sí… Pero es por un bien común. Yo ayudo al que lo necesite y ahí ganamos ambos.
También pensé muy bien al respecto, no, no puedo ayudar a todo aquel que me necesite. Por eso debía estar muy decidida a darlo todo por una sola persona, si es que había varias en su momento. Si no, la única persona que me necesitara es la que se merece todo de mí.
¿Puedo salir lastimada con esto? Claro… corro el riesgo de que la persona ya no me necesite, y también de que sólo me haya utilizado. De ambas formas me sentiría destrozada. Pero… ¿De qué sirve no correr riesgos? Al final la vida es una sola.

01:06 a.m.

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