Viernes 10 de enero, 2014.
11:26 a.m.
¿Porqué las personas tratan de minorizar lo qué me pasa?
Dicen que son cosas normales, que es lógico porque estoy distraída, en otra.
Pero yo sé que no es así, lo siento muy bien. Eso no es cuestión de falta de
atención. Acá hay algo más ¿Cómo hace una persona para olvidarse de todo tan
rápidamente? Es lo que yo misma me pregunto. A veces me digo que no es mala
memoria lo que yo tengo, porque algunos de mis recuerdes son muy fuertes, pero
otros son tan nublosos que no los llego a distinguir. No es como si eligiera
que recordar y que no… porque de ser así amaría poder acordarme de cosas y en
realidad no puedo hacerlo.
¿Será normal? No lo
sé, a mi punto de vista no lo es. Y
sinceramente no me gusta que los demás lo califiquen según su punto de vista de
la normalidad.
Para mí es raro, y tengo que hacer algo para retener todo
tipo de información posible.
Me río sola muchas veces, cuando logro apartar la
preocupación. Me causa gracia verme en este estado, hablándome y contestándome
con tanto entusiasmo y realismo, como si fuese una conversación entre dos
personas distintas.
“Le pasa a todo el
mundo”, escucho más
de una vez esas palabras, no sólo me las dicen mis allegados, si no que mis
mismas voces de vez en cuando lo mencionan.
Rara, depresiva, loca, llámenme como gusten, no puedo
cambiar así como así lo que está en mi cabeza. Lo intenté, claro que lo
intenté. Muchas veces hemos dicho que las personas debían cambiar un poco si no
les iría muy mal y se chocarían contra todo. Sigo pensando así, y considero que
cambiar una parte es necesario, pero por más veces que lo intente no lo logro.
Es como esconderme, guardar un secreto o algo similar, es tratar de no mostrar
una parte mía y si estoy con alguien que de verdad aprecio no puedo ocultarla.
Me siento mal por no poder mostrarle a fondo mi manera de ser, es engañar,
mentir. Trato de ser lo más transparente posible. Sé que a veces eso tiene sus desventajas, pero bueno
si no corro el riesgo no voy a ser capaz de saber nunca quien se merece
conocerme y quién no. Me voy a tropezar más de una vez, pero tengo la esperanza
de algún día poder preverlo mucho antes, que la experiencia de cada golpe me va
a servir para algo.
Sé que muchas veces es mejor guardarme pensamientos solo para
mí, y por eso me suelo mantener al margen, hasta que me gana mi impulso. Me
rebelo.
No voy a decir que no pretendo que las personas me entiendan,
porque en realidad sí, lo que quiero es que logren comprenderme y aceptarme tal
cual soy. Tengo esa ilusión muy presente. Pero mayoritariamente no es así. Por
eso me decepciono de algo que no tengo derecho de hacerlo.
Esperar demasiado de alguien es un dilema, sé que no debería hacerlo, pero al entregarle
un “titulo” a alguien es automático. Por eso trato de no entregar ni darle
importancia a los títulos. “Mejores
amigos”, “novios”, hasta incluso “familia”.
Nombres que se les ponen a ciertas
personas sólo para denominarlos de alguna manera, clasificarlos. Odio los
títulos, hacen esperar mucho de los demás por su grado de importancia, cosa que
no siempre se demuestra igual de ambas partes. Cada quien demuestra lo que
siente y su aprecio de diferentes maneras, eso lo sé muy bien, pero también sé
cuando no le dan el valor suficiente que tiene que llevar. Por eso ya ha dejado
de importarme e interesarme, se podría decir que los odio, pero también es
agradable que las personas te pongan esos títulos de vez en cuando. Me siento
especial, tengo -o así debería ser- una
importancia diferente a la del resto, ocupo un ligar distinto y único.
Pero como dije antes, me decepciono fácil al ver que para
ellos no es tan importante no especial como lo es para mí. Entonces vuelve a no
importarme, o eso es de lo que trato de
convencerme.
12:03 p.m.
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